OSIRIS


es el dios egipcio de la resurrección, símbolo de la fertilidad y regeneración del Nilo; es el dios de la vegetación y la agricultura; también preside el tribunal del juicio de los difuntos en la mitología egipcia.

Su nombre egipcio es Asir o Usir.
En castellano suele nombrársele con la forma helenizada Osiris (del griego Όσιρις).

A Osiris se le representa casi siempre momificado, con la piel verde o negra, una corona Atef, el cayado (heka) y el látigo (mayal o nebeh) o el cetro uas. El pilar dyed era su objeto sagrado. Aunque raramente, también se le representó con forma de cocodrilo, toro negro, garza, can o de gran pez. Osiris, como dios agrario, tiene la piel de color verde pues simboliza el color de la vegetación y la regeneración. El negro está asociado a la tierra negra y fértil que en cada inundación del Nilo aportaba nueva vida al campo. Hay una fuerte conexión simbólica entre el negro y la tierra fértil de Egipto: Kemet.

Era el jefe de la tríada Osiriaca, formada por Osiris, Isis (su mujer) y Horus (su hijo). El mito de Osiris introduce en la religión las nuevas ideas del bien y del mal. En el mito inicial, Osiris (el bien), es asesinado por su hermano Seth (el mal), quien lo arroja al Nilo, en donde lo encontrará Isis que con su amor le devuelve la vida. Con esa resurección se establece el triunfo del bien sobre el mal.
Osiris fue un héroe cultural, rey mítico, fundador de la nación egipcia, que enseñó a los hombres la civilización, las leyes, la agricultura y cómo adorar a los dioses. Muere como hombre pero resucita como inmortal gracias a Thot. Es el responsable de juzgar a los muertos en la Duat, donde está acompañado por 42 dioses-jueces (uno por cada nomo) que dictaminarán lo que acaecerá al difunto.

Osiris es hijo de Geb y Nut, fruto de una intriga amorosa. Cuando Ra se entera de la infidelidad de su esposa, decreta la imposibilidad de parirlo en ningún mes del año. Thot, otro amante de Nut, jugando una partida con la Luna (Jonsu), consiguió ganarle una 72ª parte de cada día del año, con la que compuso cinco días que añadió al año egipcio de 360 días. Es el origen mítico de los cinco días epagómenos, considerados fuera del año, y exentos de la maldición de Ra. Por eso, Osiris nace el primer día de ellos.

Mediante una trampa artera, su hermano Seth lo asesinó, cortando su cuerpo en catorce pedazos que esparció por todo Egipto. Su esposa y hermana Isis recuperó amorosamente todos los miembros, excepto el viril, que se había comido el pez oxirrinco. Con la ayuda de su hijo adoptivo, Anubis lo embalsamó y, posteriormente, Isis con su poderosa magia logró insuflar nueva vida al cadáver momificado de Osiris, quedando embarazada de él. Engendraron así a su único hijo, Horus, quien vengó la muerte de su padre, desterrando a Seth al desierto y recuperando el trono de Egipto, mientras que Osiris permanecería como rey de los muertos, en los fértiles campos de Aaru.

En los textos funerarios, como el Libro de los Muertos, el faraón difunto se identifica con Osiris, rey de los muertos, del mismo modo que en vida lo había hecho con su hijo Horus.

En el Reino Nuevo, en los textos funerarios se funde con Ra; así Osiris es el sol difunto y, en Heracleópolis Magna, se le denomina Osiris Naref. Otro nombre por el que se le conoce es Unnefer ("el que pone de manifiesto el bien"). "Príncipe de los dioses de la Duat" como dios de la muerte y del Más Allá, aunque, en un principio era un dios agrario que fue adoptando rasgos de otros dioses; genio de los cereales, espíritu de la vegetación y ante todo dios de la resurrección; los Textos de los Sarcófagos del Reino Medio lo identifican con el grano y con el trigo, símbolo de la semilla que muere para renacer más tarde en forma de espiga.

Osiris y el mito de la inmortalidad

Entre las creencias del Antiguo Egipto destaca el mito de la inmortalidad humana. Durante el Imperio Antiguo se creía que sólo el faraón, al morir, se convertían en un dios, alcanzando la inmortalidad en la Duat con todas sus prerrogativas. Durante el Primer Periodo Intermedio estas creencias también se extienden a los altos funcionarios que al morir se convertían en un Osiris, gozando de la inmortalidad en la Duat con todos sus derechos. Sólo en el último periodo, el resto de los mortales se harían merecedores de alcanzar una vida inmortal en el Más Allá, siempre que pudieran cumplir unos rituales muy precisos.

Epítetos

El nombre de Osiris y sus epítetos variaron a lo largo de la Historia del Antiguo Egipto. Como Necher aa "Gran dios", fue venerado en muchos santuarios, reflejándose en sus títulos: Neb Abdyu "Señor de Abidos", Neb Dyedu "Señor de Dyedu"; y como gran dios funerario recibe el nombre de Jenty amentu "El que está al frente de los occidentales", referente a los fallecidos. También es denominado Unenefer "El que continua siendo perfecto", en alusión a su prodigiosa potencia después de muerto.

 

Estudiosos en mitología comparada tienen fuertes razones para pensar que gran parte del Jesucristo mítico fue el resultado de la adaptación de elementos osiriacos en la formación de su personaje. En el mito de Osiris existen varios elementos que posiblemente hayan sido tomados por los creadores del cristianismo. Por ejemplo: Osiris después de morir asesinado por su malvado hermano Seth, es resucitado por la diosa Isis en "tres días", luego "asciende a los cielos" y es el dios que "juzga a los muertos" en la Duat, como se dice de Jesucristo.

Autores y académicos bíblicos como Llogari Pujol, Timothy Freke, Bojana Mojsov y Robert Beckford opinan que la fiesta de Abydos para la conmemoración de la resurrección de Osiris, coincide con las fechas de la Semana Santa, también ven alguna conexión en la teofagia osiriaca y la Eucaristía, cuando sus devotos se comían a Osiris en forma de pan y tomaban el vino representando a su sangre. Pujol muestra en su libro "Jesucristo 3000 años antes de Cristo" las múltiples conexiones entre Jesucristo y el culto egipcio a Serapis, el Osiris helenizado. Sobre el mismo tema, el egiptólogo Ariel Villazón incluso ve similitudes fisonómicas entre las estatuas de Serapis y la imagen tradicional de Jesús (hombre barbado de cabello largo).