Hecate

La antigua diosa griega es una de las deidades más antiguas que ha sobrevivido a los diversos cambios de credo y continúa vigente entre las brujas modernas. Con el surgimiento de el Neopaganismo y de la práctica de la Wicca o brujería moderna, la antigua diosa Hécate - antigua incluso para la cultura grecolatina- fue extraída del olvido e instaurada nuevamente en los altares.

Hécate, aseguran sus actuales seguidores, es una proveedora de justicia. Rige sobre las semanas de luna menguante y luna nueva, periodo en el que bajo su auspicio los hechizos para dar fin a algún asunto o para la liberación, son más efectivos, garantizan las brujas de hoy. Sin embargo esta buena reputación es hasta cierto punto novedosa, pues Hécate, la infernal, la amiga de la oscuridad, la que pasea con los espíritus, fue durante mucho tiempo una potencia temible.

Retratada con tres cabezas, una de perro, una de yegua y una de león, la antigua diosa vagabundeaba por las noches arrancando ladridos desesperados a los perros circundantes. En una mano llevaba una espada y en la otra una antorcha. Su cortejo estaba conformado por espíritus e iba precedido por una jauría de perros de encendidos ojos rojos.

La gente, temerosa de su ira que podía provocar pesadillas y demencia, dejaba frente a sus puertas corazones de pollo y pasteles de miel. Pero las ofrendas se multiplicaban en los últimos días del mes, cuando en los cruces de caminos, su espacio por excelencia, se llevaban a cabo sacrificios de cachorros de perro, ovejas negras y, a veces, niñas.

A decir de Robert Graves, Hécate había existido en Grecia incluso antes de que llegaran los helenos.

Era una de las manifestaciones de la Triple Diosa, la advocación que regía sobre el Tártaro. Complementada por Artemisa (regidora de la Tierra) y Selene (regidora del cielo).

La nueva cultura, la que conformó la Grecia clásica, había relegado sus poderes creadores y enfatizado sus poderes destructivos hasta que al final se la invocaba solamente en rituales clandestinos de magia negra.

Hécate se había convertido en la Patrona de las hechiceras. Y tenía tal importancia para “el gremio”, en especial para las renombradas hechiceras de Tesalia, que por temor a su posible venganza no fue removida del panteón.

Rituales secretos
Aunque originalmente había sido una diosa de la muerte y por ello asociada al perro, animal que come carne de cadáver y aúlla a la luna, Hécate adquirió fama de otorgar lo que se le pidiera, por reprobable que esto resultara.

Las hechiceras buscaban sacar todo el partido posible de aquel rasgo. Se reunían en los cruces de caminos y ahí celebraban sus rituales secretos.

Una petición para su patronato aparece en la obra de Hipólito perteneciente al siglo III Los Philosophumena, dice:

“Ven infernal, terrestre y celestial Bombo (Hécate). Diosa de los anchos caminos, del crucero. Tú que vas por las noches con una antorcha en la mano, enemiga del día. Amiga y amante de la oscuridad, tú que te regocijas cuando las perras aúllan y la sangre tibia es derramada, tú que caminas entre fantasmas y en el lugar de las tumbas. Tú cuya sed es de sangre, tú que golpeas con el miedo en los corazones mortales. Gorgo, Mormo, Luna de las mil formas, concede tu mirada propicia a nuestro sacrificio.”

Cruce de caminos
Ya en Roma, a mitad del invierno, se celebraba en su honor la fiesta de la Compitalia (fiesta de las encrucijadas).

El jefe de la familia, el pater familias, acudía a las encrucijadas para prender de sus árboles muñecos hechos de lana que representaban a cada uno de los miembros de la familia.

Su intención era ofrecer un canje a los espíritus de la corte de Hécate; podían llevarse aquellas efigies y a cambio dejar a los vivos.

El diablo y Hécate
Con la llegada del cristianismo las ofrendas en los cruces de camino fueron prohibidas y paulatinamente eliminadas.

Pero aquella no fue la más grande vejación sufrida por la diosa; en los rituales de brujería fue relegada a un puesto secundario y sustituida por el diablo, como nuevo patrón de las brujas.

Pero así y todo Hécate logró sobrevivir a los distintos cambios de credo. Hoy en día continúa vigente, y dicen los que saben, que en ella se representa no sólo el final de un ciclo sino,ómuy adentro en sus entrañas, la potencia del ciclo que habrá de iniciarse.